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Drones: vigilancia cibernética y la ansiedad del colapso

Joel Cintrón Arbasetti y Rodney Lebrón Rivera

Entrevista a Iván Chaar López

06.16.2026

En la obra escrita de Iván Chaar López se cruzan la tecnología, la vigilancia, el poder, la narcocultura, la política, el arte y la música urbana. Ha escrito ensayos académicos, crónicas, reseñas y manifiestos. Descrito por una de sus colegas como un “historiador indisciplinado”, en su libro The Cybernetic Border: Drones, Technology and Intrusion, publicado en 2024 por Duke University Press, plantea que el asunto de la frontera entre México y Estados Unidos es un problema tecnológico y cultural. 

Cybernetic Border se publicó en un momento de recrudecimiento de las políticas anti inmigrantes de la administración Trump. Sin embargo, las técnicas de poder y vigilancia que analiza Chaar López se remontan a mediados del siglo XX, en el contexto de la Guerra Fría.

“Los drones, en primer lugar, son aeronaves, y como tal deben de ser entendidos en relación al poder aéreo y sus políticas raciales… El poder aéreo es un género del régimen tecnopolítico de la frontera y su deseo imperial de expandirse a una vasta extensión global”, apunta Chaar López en su libro.

Ya en la década de 1930 militares de Estados Unidos y Reino Unido practicaban la destrucción de aviones enemigos, desde otro avión o con armamento antiaéreo terrestre, disparando a naves no tripuladas, operadas por control remoto. Durante la Guerra Fría, las aeronaves no tripuladas se complementaron con la cibernética: el control científico de la información y la comunicación a través de sistemas computarizados. 

“Los oficiales creían que la operación efectiva del sistema de inmigración requería de nuevas técnicas para grabar y procesar la información y la comunicación en los puntos de entrada, en las oficinas migratorias, y en las zonas fronterizas remotas… Las ideas de la cibernética y los sistemas de detección de intrusos fueron adoptados para trazar una ‘línea [electrónica] en la arena’, como forma de administración y manejo de la frontera México-Estados Unidos”, escribe Chaar López. 

Este intrincado sistema tecnopolítico genera lo que Chaar López describe como el “enemigo racial” y el “enemigo otro”, figuras complementarias de la producción de enemigos de la que depende el sistema fronterizo en la delimitación de un territorio como Estado Nación.

La frontera en el interior

En el 2020, durante las protestas masivas por el asesinato de George Floyd a manos de un policía en Minneapolis, Minnesota, las autoridades estatales y federales expandieron el uso de drones para monitorear a su propia población. En Louisville, Los Angeles, Portland, Washington DC, New York y otras ciudades, las autoridades locales y federales vigilaban a las multitudes en movimiento desde el aire y a distancia.

“El hecho de que se movilicen estos drones para vigilar y disciplinar prácticas de la sociedad civil, lo que demuestra es uno de los argumentos de mi libro, y es que la constitución del Estado nación necesita la producción de un enemigo, necesita la producción de un ente contra quien hacer la guerra y contra quien constituir la comunidad. Es un ejercicio en inclusión y en exclusión”, dijo Chaar López en entrevista con Anatema.

“Y uno pensaría, ¿qué hacen drones que son para la frontera en un espacio que para todos los efectos no es fronterizo? Tienes estos drones operando en las protestas porque las protestas lo que están haciendo es poner en entredicho quién está representado por el Estado nación”, añadió Chaar López.

Más allá de las protestas, el uso de drones se ha integrado a operaciones policíacas diarias. Por mencionar un ejemplo, el Departamento de Policía de Filadelfia opera un programa de drones, desde el 2024, que según The Philadelphia Inquirercarece de supervisión y transparencia. Uno de sus primeros usos fue la persecución de un vehículo en movimiento, bajo la sospecha de que había sido robado, en el barrio de Kensington, donde reside una numerosa población latina y puertorriqueña.

“La producción de la frontera es fundamental para la constitución del Estado nación, para la constitución de la nación como comunidad. Y esa frontera se produce en un sin número de lugares, no solamente en el linde político entre un una nación Estado y otra”, observó Chaar López, profesor en el Departamento de Estudios Americanos de la Universidad de Texas en Austin.

Protestas como datos para mejorar el sistema

Los videos que captan los drones en las protestas no son meramente potenciales piezas de evidencia en un posible caso judicial. Chaar López mencionó que la información sobre movilizaciones masivas que se observan desde el aire se envía a distintas bases de datos para coordinar el sistema completo. Por ejemplo, esa información se usa para decidir cuántos agentes movilizar o qué otro tipo de tecnología desplegar.

“Utilizan estos datos para hacerle cambios, updates y mejoras a los sistemas. Los manifestantes se convierten en mano de obra outsourcing, sin remuneración, sin consentimiento”, dijo Chaar López en la entrevista con Anatema.

Sin embargo, esto no significa que las protestas masivas no sean efectivas, como lo demuestran muchos casos alrededor del mundo, sino que tienen sus límites. La existencia de estos sistemas de vigilancia mencionó Chaar López, plantea la pregunta de ¿cuáles son los espacios de lo político? y ¿cuáles son las prácticas de lo político?

“Uno pensaba que hay que tomar las calles. Pero también quizá otra práctica de lo político sea tomar las redes. ¿Qué es tomar las redes? Hay muchas formas de tomar las redes. Entonces uno tiene que alterar la concepción de lo político y de la práctica de lo político”, dijo Chaar López.

De la eficiencia al glitch: la posibilidad de la disrupción

Bajo parámetros de eficiencia y mejoras permanentes, “es como se supone que funcione” el sistema basado en la vigilancia aérea con drones. “Pero estos sistemas fracasan todo el tiempo”, recordó Chaar López.

“El hecho de que ellos tengan que estar siempre mejorando y modificando y alterando y recodificando y reprogramando, lo que te está diciendo es que hay primero una ansiedad de colapso, de que hay una ansiedad de ineficiencia, de que hay una ansiedad de que no van a lograr lo que quieren. Entonces por ahí, las protestas, claro que son efectivas, porque lo que hacen es recrudecer esa ansiedad”, añadió.

Chaar López realizó su bachillerato y maestría en Historia en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, entre 2008 y 2012. En 2009, luego de una noche de motín entre estudiantes y la Fuerza de Choque de la Policía de Puerto Rico en la Avenida Universidad de Río Piedras, Iván Chaar López publicó, junto a una colega, un breve texto titulado Pre-Communiqué, antecedente inmediato de lo que posteriormente sería el Manifiesto de la Antropofagia Situacionista. Este último apareció bajo el pseudónimo Colectivo La Vorágine y estuvo inspirado tanto en el filósofo situacionista francés Guy Debord como en la anarquista lituana Emma Goldman.

Ese manifiesto, publicado en forma de comunicado de prensa en la desaparecida plataforma Indymediapr, era una provocación y un llamado a la movilización política fuera de los parámetros de las organizaciones marxistas tradicionales. El hecho de la no existencia del Colectivo La Vorágine sugería que todo el mundo, en cualquier momento, podía constituirse como parte de un colectivo político de resistencia.

“Eso me llevó como a darme cuenta de que a través de la escritura, de la literatura, de la reflexión crítica, había una forma de intervenir en la discusión política del país”, mencionó Chaar López.

El manifiesto, que aludía al Manifiesto Antropófago del poeta brasileño Oswald de Andrade, resultó ser un adelanto del estilo y las nuevas formas de movilización y acción política que se adoptaron durante la huelga estudiantil del 2010. Antes de la huelga, durante la cual estudiantes de 10 de los 11 recintos ocuparon la universidad por más de dos meses, Chaar López formaba parte del Comité de Acción de Humanidades, con el cual ejercía la función de redactar comunicados de prensa, manifiestos y declaraciones. 

Esos comités, que se formaron en casi todos los departamentos del recinto de Río Piedras, fueron cruciales en la organización del estudiantado que se oponía a la eliminación de las exenciones de matrículas para estudiantes deportistas y a la imposición de una cuota especial de $800 por parte de la administración universitaria. Para la misma época, Chaar López creó el blog Multitudes Enredadas, en donde discutía temas de política, teoría crítica y tecnología. Luego comenzó a colaborar con la revista digital 80grados, en donde escribió sobre política, música urbana, cultura digital, historiografía y narcocultura.

Después de terminar su maestría se fue a hacer un doctorado en American Culture de la University of Michigan, Ann Arbor. Mientras estudiaba en esa universidad del Midwest su interés por la tecnología y la vigilancia se fue trasladando a otras zonas. 

Ya tenía interés por el tema de la frontera. Pero fue una conferencia del artista Ricardo Domínguez, en donde relató la historia de una de sus piezas de arte conceptual, la cual involucró un comunicado de prensa falso sobre un supuesto drone que se había estrellado en el campus de una universidad, lo que le dio la señal definitiva de que ya tenía su tema de tesis doctoral.

“A mí eso sí que me voló la cabeza. Y yo dije, yo tengo que escribir sobre la frontera, obliga’u”, recordó Chaar López. 

“La frontera va a ser… drones en la frontera”. 

Joel Cintrón Arbasetti (Naranjito, 1985) estudió periodismo en la Universidad del Sagrado Corazón y tiene una maestría en Teoría de la Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Es autor de los libros El Local (Editorial Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2016) y Sobre un animal muerto (Editorial Antípoda y La Impresora, 2020). Actualmente reside en Filadelfia. Es periodista del Centro de Periodismo Investigativo (CPI) y profesor adjunto de investigación en Craig Newmark Graduate School of Journalism de la City University of New York (CUNY).

Rodney Lebrón Rivera (Las Piedras, 1991) cursó estudios graduados en el Departamento de Historia de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y obtuvo el doctorado en Literatura Latinoamericana en Princeton University. Actualmente reside en Filadelfia, donde se desempeña como profesor de literatura y culturas latinoamericanas en diversas universidades de la región. Ha colaborado con revistas académicas y literarias en Puerto Rico, Estados Unidos y México.